La Bahía de Fuego, al norte de Tasmania, ofrece playas de fina arena coralina, aguas de un azul turquesa intenso, un cielo radiante y, sobre todo, la sensación de no encontrarse con nadie más en kilómetros.
Su nombre nace de una anotación del segundo barco del capitán Cook, que en 1778 observó las hogueras encendidas por los aborígenes de la zona. Su fama es todavía reciente, así que es cuestión de tiempo que empiece a llenarse: el momento de descubrirla es ahora.
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